
Blog personal de Juan Antonio Cañero, estudiante de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Desde aquí intentará exponer su visión sobre la vida y la actualidad.
lunes, 17 de mayo de 2010
Eloy Vaquero, un montalbeño internacional

sábado, 8 de mayo de 2010
Que se esté quieto quien pueda
jueves, 6 de mayo de 2010
¿Una imagen vale más que mil palabras?, y una mierda
Cuando a veces escucho la frase de “una imagen vale más que mil palabras”, sinceramente me entran ganas de mandar a quien lo diga a la mierda. Es cierto que una imagen apoya y mejora una información de una forma espectacular, pero es una alabanza al simplismo decir que vale más que mil palabras nada más y nada menos.
Hoy en la clase de Información y Propaganda estaba pensando esto viendo uno de los carteles que Mao Tse-Tung, el que fue líder de
Me imagino al niño chino preguntando a sus padres “mamá, papá entonces ¿esta comida que tenemos es gracia a Mao?, ¿no estuvisteis ayer todo el día trabajando para conseguirla? Y los padres contestando rápido: “shhh niño calla y come, no pienses más de lo que te marca la gente que sale en fotos con porte de dioses”. El niño seguro que se comería su plato y si a los dos días lo llaman a las armas porque su líder-alimentador le ha entrado el capricho de matar a unos pocos, pues ahí va. Si es estadounidense, se marcha para Afganistán o para Irak con otros pocos que también se han criado bajo una sola visión del mundo, sin cuestionarse si a lo mejor no es mentira eso de que son un país que debe educar a tiros a los demás que no piensan como ellos.
La imagen es que tiene un poder muy fuerte. Es muy fácil de captar, cualquier persona, incluso quien no sabe leer ni escribir, puede procesar la información de formas y colores. Un ejemplo que tenemos muy a mano es
Lo peor de todo es que estamos perdiendo el contacto humano. Ya no queremos escuchar mil palabras interesantes de alguien sino ver una imagen, aunque sea tonta de cualquiera que salga con la tele. Vaya aparato este, un mundo poblado por personas de 20 segundos que en 2 tienen que contar su vida y los otros 18 tienen que estar pendientes de aparentar lo que pretenden ser. Figuras que se insultan tan rápido que no nos da tiempo a ver si lo que dicen está bien o está mal o que se presentan como una alternativa con soluciones a los problemas del Gobierno, pero sin mencionar ninguna de estas medidas durante sus tortazos verbales. Albert Chillón dice en su libro Periodismo y Literatura: “Los medios han contribuido a reemplazar la necesidad de recordar por un revoloteo continuamente renovado de palabras apenas oídas al paso. El chaparrón de palabras fragmenta y dispersa la atención de los receptores; la consciencia de los hombres y las mujeres actuales ha adquirido una cualidad sublimada, nebulosa, gaseosa: las palabras oídas aquí y allá pululan en desorden y movimiento permanentes. La llamada sociedad de la información produce, entre otros efectos, una patente saciedad de la información”. Eso es lo peor, que encima nos creemos que estamos informados.
martes, 4 de mayo de 2010
Entrevista a El Giraldillo

Nos conocimos ya hace tiempo. A pesar de coronar una de las ciudades más importantes de España, no había oído hablar de ella hasta el mismo día que estuve en lo más alto de su casa, justo a sus pies. La primera vez que nos vimos, yo estaba de visita cultural: “Bien chicos, ya estamos en lo más alto de
Me marché de Sevilla con preguntas y ganas de conocer, tenía que poner orden a toda esa nube de dominación de religiones, representaciones de la fe y toda la historia de una ciudad que ha sido marcada por la convivencia entre culturas. Lo único que tenía claro al comenzar esta aventura es que la mejor persona que podría resolver este embrollo era la protagonista de la historia, el Giraldillo. Lástima que aquellos metros que nos separaban fueran insalvables.
Comencé a leer un poco de la historia de la figura. Su padre, Bartolomé Morel, la trajo al mundo en 1568, en pleno Renacimiento. Sus 128 kilos repartidos en
Hablar con el Giraldillo se había convertido casi en una obsesión, como un amor platónico en el que el ansia de querer choca de frente con la barrera de la realidad, hasta que en una de las típicas ojeadas a la prensa diaria los ojos se me pusieron como platos. “El Giraldillo espera su restauración en las Ataranzas Reales”, anunciaba un titular. Los metros que antes nos separaban podían convertirse ahora en unos pocos centímetros. Casi sin pensarlo salí corriendo a intentar encontrarme por fin con ella.
Llamar a la puerta, decir mi propósito, pasar hasta el patio del fondo. Después del tiempo esperado y de la falta de esperanzaque tenía por conseguirlo, parecía mentira que llegar hasta el Giraldillo fuese ahora tan fácil.
Al verla de cerca era difícil mantener la boca cerrada. Una mujer enorme pero estilizada, sensual pero guerrera a la vez. “Si esto es la fe, la fe es algo grande de verdad” es lo primero que pensé. Pero detrás de su abrumadora presencia, el Giraldillo es una persona sencilla, muy humilde, con una gran sabiduría fruto de tantos años de observación y reflexión y con las ganas de comunicarse de quien lleva todo ese tiempo a solas.
Después de las típicas presentaciones y de hablar sobre cosas amenas para ir abriendo el terreno, la pregunta que me perseguía durante este tiempo pronto salió a relucir.
- El Cristianismo es una religión que tiene como bandera el amor incluso hacia los enemigos, la humildad, el respeto… pero desde tu concepción estabas pensada para representar la dominación sobre otras culturas. ¿No crees que eso es un poco contradictorio?
- Pues la verdad es que sí, lo veo como algo que choca, pero esa es la visión que alguna gente ha dado sobre mí papel pero yo en realidad siempre he intentando representar otro, a pesar de no poder haber conseguido transmitir mi mensaje. No se si lo sabrás, pero cuando Bartolomé Morel me ideó, tenía en la cabeza la imagen de una Palas o una Minerva, figuras de la tradición griega y romana. En realidad, soy tradición pagana pero vestida de cristiana, lo que no quiere decir que no sea una cristiana de verdad. Lo que quiero decir es que soy fruto de una mezcla de cultura y civilizaciones, igual que lo es mi casa y lo es Sevilla, por eso no me gusta dar la imagen de dominación, sino de convivencia. Creo en el Cristianismo de verdad, en el que comparte los valores de respeto que has mencionado antes y prefiero ser hermana de los musulmanes que su represora, en realidad los creyentes de las dos religiones adoramos al mismo Dios, lo único que nos diferencia es que no nos aclaramos quien es el verdadero profeta, pero eso es lo de menos.
Entre las risas que nos había producido su última frase, propuse al Giraldillo dar un paseo por el centro de Sevilla para poder contemplar juntos el complejo de
- Pero desde que te izaron en
La mujer se cortó un poco y empezó a titubear porque no era tan fácil abrir su corazón a un cordobés que acaba de conocer, así que avisé a mis compañeros de grupo de Periodismo y Literatura, los tres de Sevilla, y siguió confiando a ellos sus secretos. Pronto nos enteraremos de como siguió la historia.