martes, 5 de octubre de 2010

Una huelga desigual

Viñeta de Manel Fontdevila en la edición de Diario Público del 30 de septiembre.

La huelga general celebrada el 29 de septiembre y la cobertura que la mayoría de los medios hicieron sobre la jornada fue, sobre todo, desigual. En la huelga en sí, la huelga golpeó con distinta fuerza tanto entre los distintos territorios como en los sectores del trabajo.

Por ramas laborales, los transportes y la industria fueron las actividades que más vieron afectado su funcionamiento. Según los sindicatos UGT y CCOO, el paro llegó a rozar el 100% en la industria, lo que se manifestó en la caída del consumo energético, que se situó en una cifra similar a la de un fin de semana o un festivo. Mientras tanto, los transportes se redujeron a los servicios mínimos en casi toda España, parando a su vez la actividad de muchos mercados de productos frescos que dependen de los primeros. Desde los medios, se ha apuntado continuamente al boicoteo de los piquetes como la única razón por la que este sector secundó el paro.

Por otra parte, los pequeños comerciantes y locales de ocio, como tiendas de alimentación o bares, y las grandes superficies abrieron sus puertas al público con casi total normalidad. Por ejemplo, en Sevilla, los establecimientos del centro que en principio parecían cerrados, abrían sus puertas cuando la manifestación de la CGT había pasado por sus puertas.

Lo que parece claro es que a los grandes y pequeños propietarios les ha dado igual la huelga y la protesta ha sido protagonizada por personas empleadas por estos. La responsabilidad de llevar un negocio familiar, ver tan de cerca el fin de mes y tener que pagar otra cuota de autónomo pueden ser las razones que han llevado a muchos a no formar parte de las reivindicaciones. Otros tantos, en especial las grandes empresas, o más bien, sus dirigentes, no protestaron contra la reforma laboral porque esta les conviene.

Mayores facilidades para el despido (ya se puede despedir a un trabajador para "prevenir pérdidas"), reducción de las indemnizaciones, subvención con dinero público de estos despidos o la ampliación de las posibilidades para hacer contratos de prácticas por la que los nuevos trabajadores tendremos la bonita oportunidad de disfrutar de un contrato de prácticas de dos años por nuestra licenciatura o grado más otro por cada máster que cursemos (con Bolonia es obligatorio hacer un máster además del grado). El Gobierno ha puesto en bandeja a los empresarios la contratación de una mano de obra más barata, en detrimento de la cualificada que puede llevar años trabajando en el seno de la empresa. Por eso la patronal nunca ha defendido la huelga, porque a pesar de no estar contentos con la reforma, van a poder contar con muchos más jóvenes en prácticas en lugar de hacer contratos en los que se pague un salario digno, por ejemplo.

Sin embargo ninguna de las consecuencias de la reforma laboral tuvo cabida en medios como Antena 3, El Mundo o la emisora Cope, que trataban de informar de una huelga que ellos mismos no estaban realizando. No hubo momento para el debate de ideas enfrentadas, para un análisis de las perspectivas de futuro, incluso fue imposible escuchar alguien que explicara en profundidad la precarización laboral que la reforma laboral, impuesta por decreto, trae bajo el brazo. Ante la reflexión, una costumbre que los actuales medios ven como muy peligrosa, el discurso se centró en la criminalización de los piquetes.

Golpes, gritos, silbidos, cargas de la policía... La imagen de todo lo que rodea a un piquete vende mucho más que empujar a la audiencia a que valore las consecuencias de la reforma teniendo un contexto bien delimitado por todas las voces que tienen autoridad en el tema, pero abusar de la imagen de los piquetes provoca que se cree la sensación de que durante el 29 de septiembre no hubo nada más en la huelga. Nadie se manifestó, nadie cantó, nadie bailó, nadie propuso una salida social a una crisis capitalista que ha sido disfrazada para que parezca un crack provocada por Obama, Zapatero, Rajoy, los sindicatos o quien sea, ocultando así el verdadero problema y enterrando el debate.

Además del “antipiquetismo”, los medios lanzaron otro mensaje para los que no habían quedado conforme: “la huelga ha llegado tarde, por lo tanto, no tiene razón de ser”. Claro que ha llegado tarde, pero por supuesto que tiene motivos. CCOO y UGT deberían haber convocado las movilizaciones como muy tarde en el verano, cuando se anunció la reforma. El verano era el momento idóneo para paralizar el país ya que alteraría el fin del curso político, todavía estaba vivo el escozor por el anuncio de la reforma y se podía haber demostrado a la sociedad que hay vida después de un mundial de fútbol. Pero CCOO y UGT decidieron retrasar la huelga a una fecha más cómoda para los políticos, a final de septiembre, cuando hay menos barullo. Puede que para agradecérselo, el Gobierno destinó 500 millones de euros para sus cursos de formación.

En definitiva, la cobertura de la huelga de los medios de masas, exceptuando Público que el 29 de septiembre lanzó una edición especial con las consecuencias de la reforma, ha sido excesivamente sensacionalista, se ha quedado en lo espectacular de los piquetes obviando el debate. Muchos de los editores habrían suspendido ese día si tuvieran un examen en la facultad, parece que con el paso del tiempo se han olvidado de lo que es una noticia. En una huelga no es noticia que haya piquetes, porque es natural en estas movilizaciones, lo que es noticia es el porqué de la convocatoria y las consecuencias que traerá. Pero bueno, después de la luz, fuego y destrucción de los primeros 15 minutos de las noticias del día 30, el de resaca de la huelga, todo el mundo pudo volver a la normalidad y al orgullo patrio: el Rey embotaba la mayor fragata de la armada española y una de las más grandes del mundo. Da igual que tengamos peores contratos, peores expectativas de futuro o menos capacidad de respuesta ante un jefe, lo importante es que en la guerra seamos de los mejores del mundo, que para eso tenemos mil amenazas internacionales mirando nuestra preciosa España. Si al final va a ser que somos hasta tontos.

sábado, 12 de junio de 2010

Aprender a construir construyendo

Me había propuesto no subir al blog más trabajos de la facultad pero creo que éste merece la pena. No es porque me guste especialmente como está escrito, que también, pero sobre todo quiero que puedas conocer el trabajo de Arquitectura y compromiso social, un precioso ejemplo de cómo la Universidad y todas las grandes instituciones si quieren, y tienen a buena gente dentro, pueden cambiar la realidad. Lo subo con el permiso (aunque no les haya preguntado) de Marina, Laura y Carlos, mis compañeros con los que lo he trabajado y escrito.



A quince kilómetros al oeste de Tánger, en el admirable paisaje Achekkar, desde donde se domina el inmenso Océano Atlántico, se encuentra uno de los emplazamientos más fabulosos del continente africano. Allí, junto al Cabo Espartel, se ubica una inmensa cueva de roca calcárea en la que cada vez que sube la marea, las olas refrescan los cimientos de nuestra Historia. Cuenta la leyenda que en ese rincón, conocido como la Gruta de Hércules, el semidiós con sus propios brazos construyó la gruta sin caer en la cuenta de que no sólo creaba un espacio para descansar antes de cumplir una de sus doce tareas. A la vez, separaba como a dos siamesas unidas desde niñas África de Europa. Sólo catorce kilómetros de Estrecho, muy pocos a la vista pero demasiados para la cultura. De un tiempo a esta parte un grupo de personas vienen haciendo un esfuerzo hercúleo para intentar unir lo que hace unos 7000 años fue separado.

Salieron de España con media hora de retraso pero aún así llegaron a tiempo. A bordo de un ferry se embarcaron en una experiencia que recordarían toda la vida. Jugaban a imaginar lo que se iban a encontrar. El grupo de personas que formaban el colectivo “Arquitectura y compromiso social” habían dormido poco a causa de los nervios, pero soñaban despiertos, emocionados con el proyecto que se les presentaba las próximas semanas. Ellos eran la nueva promoción encargada de la reconstrucción de Jnane Aztout, uno de los barrios chabolistas de Larache.

La brisa del mar pegaba en sus caras, en la cubierta gente de todas las nacionalidades se agolpaba para atisbar en el horizonte el relieve del continente africano. Las olas rompían con fuerza. El balanceo provocaba el malestar de alguno de los pasajeros, algo sin importancia, sólo sería media hora de viaje. El entusiasmo se apoderaba de los viajantes al ver la silueta del continente y el inicio del trabajo cada vez más cerca. La concepción del proyecto era la idéntica a los pasados años y tenía los dos mismos objetivos: evitar el desalojo de los vecinos, mejorando su situación, y enseñar, como los demás programas de la Universidad. De nada serviría haber traído a cien jóvenes desde España para que no sacaran nada en claro de esa experiencia.

Nervios de principiantes, calor sofocante, inmensas ganas de actuar, pero ¿qué sabían ellos de arquitectura con apenas un año de carrera? Los estudiantes podían estar tranquilos, al mando del proyecto estaba Esteban de Manuel. Este profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, llevaba desde 1993 vinculado al trabajo de “Arquitectura y compromiso social”, centrado en la mejora de algunos barrios de Sevilla y el extranjero.

- “Después del seminario del año anterior, en la primavera de 1994, el colectivo organizó un viaje a Larache junto a un grupo de estudiantes para trabajar en un centro cultural. Esto nos aportó el suficiente conocimiento de la ciudad y nos sirvió para que Francisco Torres se acordara de nosotros ante las deficiencias de su proyecto. Torres estaba empleado por la Junta de Andalucía para llevar a cabo la reconstrucción del patrimonio artístico de Larache, su medina y la ciudad histórica española. Un trabajo que mejoraba la apariencia de la ciudad pero que olvidaba la situación real de algunos de sus vecinos. Este hecho provocó una llamada telefónica que unió nuestros destinos”, comentaba Esteban a sus alumnos para hacerles ver la trayectoria recorrida hasta llegar al punto donde se encontraban.

Revolución en la cubierta al llegar al puerto. Los pasajeros se agolpaban en la escalera como ovejas de un rebaño deseando tocar tierra para empezar el trabajo. Olores nuevos, colores inéditos, gente desconocida y toda una cultura que aprender. Esa fue su llegada a Tánger, todavía quedaba mucho camino por delante hasta Larache.

Tras esquivar a los primeros vendedores ambulantes, los integrantes de “Arquitectura y compromiso” se acercaron a lo que parecía un muestrario de viejos Renaults que hacía la función de parada de taxis. Allí, el director del proyecto, Esteban ponía todo su esfuerzo para convencer en un francés de principiante al conductor, regateando para que los acercara a la localidad marinera por la menor cantidad de dírhams posibles. Ahí comenzaba su aventura.

A bordo de un coche, en un país donde colocarse el cinturón de seguridad denota desconfianza hacia el taxista, recorrieron unos caminos sin apenas asfalto a los que llaman carreteras, atravesando poblados que parecían sacados de la propia Biblia. Un atardecer de ensueño completaba un paisaje insólito, muy diferente del sitio de donde venían. Un rebaño de cabras en medio de la carretera interrumpió su camino. Mientras el conductor pitaba y maldecía en su idioma con todo lo que se le venía a la cabeza, o al menos eso parecía, un alumno levantó la vista y pudo observar como una ciudad se iba formando en el horizonte. Estaban cerca, sólo necesitaron atravesar la última colina para llegar a Larache, donde las chabolas ocupaban casi el mismo espacio que el casco histórico que rodeaban.

- “Es increíble que haya más gente viviendo en casas sin licencias que dentro de la legalidad. No me imagino cómo sería su vida en el campo para tener que emigrar a la ciudad y vivir en estas condiciones.” Le comentaba asombrado uno de los alumnos con los que Esteban de Manuel compartía taxi mientras que el coche se paraba a las puertas de la medina. Algunos de los estudiantes mostraban su inseguridad por adentrarse en un territorio que desconocían, sin saber que al poco tiempo lo sentirían como su casa.

Jnane Aztout es un barrio cercano a la medina, formado por 89 familias que residían en unas construcciones semiconsolidadas. No era un simple grupo de chabolas formadas recientemente, eran vecinos que compartían una misma identidad que haría más fácil el acompañamiento social que pretendía “Arquitectura y compromiso”. Este sentimiento de vecindad corría peligro si se actuaba de la forma que pretendía el gobierno marroquí. En sus plantes estaba hacer tabula rasa, derribar todo lo construido y poner en pie nuevas parcelas que posteriormente sería sorteadas, mezclando vecinos de la parte superior con los de la inferior. Los componentes de “Arquitectura y compromiso” no estaban de acuerdo con esta medida ya que según dijo un alumno, “este trabajo arquitectónico es a nivel técnico y social, no sólo se trata de construir calles y casas, hay que tener en cuenta que la ciudad está compuesta por unas personas que forman un tejido social que hace uso de estas calles y estos espacios y esto debemos respetarlo”. El gobierno aceptó la propuesta. Parecía mentira que las relaciones con las instituciones fueran ahora tan fáciles después de las dificultades que habían tenido el año anterior.

Cuando el primer grupo de “Arquitectura y compromiso” se desplazó a Larache en 2004, un año antes de esta gran expedición, no se esperaban que dentro de esa pequeña ciudad de pescadores se encontrara una de las pesadillas que pusieron en peligro el proyecto. Una persona que movida por sus propios intereses estuvo a punto de acabar con el sueño de regalar a los vecinos una vida mejor. Un Hércules moderno que con sus acciones pretendía separar lo que Esteban de Manuel y su grupo estaban uniendo. Esa persona era el alcalde, Abdel Hississen, propietario de la mitad de las tierras de Larache, entre ellas Jnane Aztout, y que llevaba gobernando toda una vida movido por los intereses inmobiliarios. Si el proyecto salía bien, parte de su negocio se vendría abajo ya que los vecinos serían propietarios de unas tierras que hasta ese momento sólo se habían utilizado para especular.

- “Por esa razón, antes de que nosotros llegáramos, el alcalde envió las máquinas para derrumbar las casas del barrio y que los vecinos asustados se fueran. La suerte fue que los bulldozers entraron por la parte trasera del barrio derribando por error la mezquita. No os podéis imaginar la cantidad de cristales rotos, vigas de hierro dobladas como si fueran plástico y las inmensas montañas de piedras en las que se había convertido la mezquita del barrio de manos de su propio alcalde. Tal era la indignación de los vecinos que fueron a reclamar ante el gobernador, que rápidamente frenó la destrucción de semejante tesoro”, recordó Esteban de Manuel mientras paseaba con sus alumnos mostrando los progresos conseguidos desde entonces. “El alcalde intentaba corromper una acción que, aunque pequeña, ya era imparable”, sentenció.

Mientras daban este paseo, ya en 2005, la oposición del alcalde no suponía ningún problema. El gobernador se encargó de convencerlo y los alumnos, acompañados de los vecinos, pudieron concentrarse en el estudio del barrio. Tras escuchar las opiniones de los residentes, profesores y aprendices elaboraron un diagnóstico en el que se analizaron veinte casas. Se dibujaron pequeños croquis, se realizó un censo de población, un estudio del plano del barrio, todo ello con el objetivo de hacer realidad un proyecto enfocado “casa a casa, caso a caso”. Fueron las primeras tentativas para devolver la esperanza a aquellas personas.

La ayuda de los habitantes del barrio era vital para cumplir ese sueño mutuo. “Ellos sabían cómo se repartían los espacios y nosotros cómo hacerlos. Donde nosotros sólo veíamos escombros, los vecinos veían calles, donde veíamos agua estancada ellos veían fuentes y eran capaces de ver bonitas plazas donde nosotros solo veíamos solares”, explicaba Esteban al ejército de estudiantes en ese primer paseo, deseoso de que comprendieran la importancia de trabajar codo a codo con los vecinos. Entre las principales preocupaciones de los dirigentes del proyecto no sólo estaba la de perpetuar la identidad de aquel barrio o que los alumnos consideraran el valor que tenía, sino que al mismo tiempo buscaban acabar con los tópicos y los prejuicios que nuestra sociedad tenía de lugares y países como aquel.

- “Hay una gran contradicción cuando tú llegas al barrio por primera vez, vez lo mal que viven y dices ¨joder que mal está esta gente¨ y cuando te vas. Después de estar tanto tiempo en el barrio ya no lo ves feo, no lo ves pobre, sólo diferente. Ahí me planteé un problema filosófico: la importancia que tiene la primera impresión en el juicio de las cosas. Cuando pasé más tiempo allí me fui dando cuenta de la verdadera importancia de las cosas”, explicó uno de los alumnos del proyecto en el documental realizado posteriormente para televisión. Conforme iban avanzando los días, los alumnos iban comprobando como la gran riqueza que poseía Larache no era material, como todos los seres humanos desean, sino una riqueza mucho más valiosa. Un carácter, una personalidad, una forma de ser que definía a aquel barrio pesquero.

Pero no todo en Jnane Aztout fue vino y rosas. Esteban de Manuel recordará por siempre como se dio de bruces con la cruda realidad cuando la esperada financiación del proyecto no se concretaba nunca. Los problemas que surgieron al no poder encontrar el dinero con el que llevar a cabo todas sus intervenciones trajeron desilusiones, conflictos dentro del grupo, división de opiniones, pérdida de confianza entre de los vecinos… El proyecto en el que Esteban se había volcado en cuerpo y alma se estaba yendo a pique por momentos, lo que lo sumió en una depresión. Finalmente entre el esfuerzo y la ilusión, gastando todos los lápices, escuadras y cartabones tras tantos borrones y cuentas nuevas, se logró dibujar el triángulo de la participación entre vecinos, Universidad y políticos.

La colaboración con los residentes no se quedó sólo en el diseño de calles. “Hemos hecho un trabajo social y de animación sociocultural, por ejemplo, un taller en el que los niños tenían que poner nombre a las calles, y otro de fotografía en el que los vecinos tenían que representar el espíritu del barrio”. Ya había surgido esa chispa, ese entendimiento entre dos culturas muy distintas que se unían por una lucha común. Pescadores, agricultores, pequeños comerciantes, chatarreros, jóvenes y los que no lo eran tanto, todos tenían un papel esencial en la reconstrucción de su nueva vida. Todos eran necesarios, como en una almadraba en la pesca del atún. Por ello siempre que había dificultades, que fueron muchas, los dirigentes del proyecto decían “o hacemos la almadraba o se nos escapan los atunes, o hacemos casa para todos o no vamos a conseguir nada”. Un proceso lento pero que permitió ir mejorando las infraestructuras básicas del barrio. Lo que antes eran senderos pedregosos ahora eran calles pavimentadas, las paredes de adobe, muros consistentes, los techos inestables y calados eran ahora el mejor refugio de las familias. La luz les dio la fuerza del sol durante las noches que ya no fueron tan oscuras y el alcantarillado mejoró su día a día con higiene y salud. El barrio era ya un asentamiento legal y nadie podría expulsar a los vecinos de sus casas. Objetivo cumplido.

Los vecinos respondieron la buena voluntad de los españoles con cariño. Eran hospitalarios y les ofrecían lo poco que tenía, su casa y su comida. Los vínculos que se formaban dentro del barrio eran cada vez más fuertes y después de la vuelta a Sevilla incluso siguieron en contacto a través de Internet. Algunas amistades se convirtieron en noviazgos que hoy siguen adelante, demostrando que la relación entre Universidad y sociedad en casos como este no es un servicio que se ofrece de una empresa a un cliente, sino la ayuda de un amigo a otro, casi como si se tratara de una familia. El sabor a atún recién pescado, el olor a salitre de su brisa, todas las nuevas palabras aprendidas; todo esto completó un aprendizaje que iba más allá de lo arquitectónico. Los jóvenes que formaron parte de esta aventura, además de aprender a medir y construir, se convirtieron en embajadores culturales de una tierra que antes era desconocida. Objetivo cumplido.

Y así fue como los días fueron pasando y lo que comenzó siendo un paseo por una realidad ajena se convirtió en un proyecto que pudo evaluarse en objetivos conseguidos; aunque para los protagonistas implicados en esta historia llegó un momento en el que, incluso eso, pasó a un segundo plano.

- “Para mí es una experiencia que demuestra que la Universidad puede relacionarse con la sociedad, ayudando a transformar situaciones que son difíciles, con el plus que tiene la Universidad por el reconocimiento institucional, que sirve para desatascar situaciones, para conseguir voluntades políticas; y al mismo tiempo ha sido un motivo de aprendizaje extraordinario. Los estudiantes no hacen una práctica más de la carrera, sino un trabajo real” explicaba Esteban de Manuel con orgullo en el acto de clausura del proyecto.

Un día que no olvidarán por el cariño que recibieron por parte de los vecinos del pueblo que decoraron cada una de sus plazas con guirnaldas de colores verde y azul, y llenaron las calles con banderas de Larache. Vistieron de uniforme a sus mejores estudiantes y colocados estratégicamente en la puerta de la escuela interpretaron el himno de la localidad en honor a sus amigos españoles; incluso las mujeres más ancianas del lugar les regalaban pastas artesanales y bolsas de té mientras los alumnos pasaban por las puertas de sus casas, al tiempo que los maridos ordenaban a sus hijos llevarles el equipaje hacia los taxis. Aunque los mayores regalos que se llevaban no eran materiales.

- “Antes del seminario , nuestro barrio estaba dejado de la mano de nuestro Dios, ahora ya no. Nosotros ya tenemos identidad” decía un niño, de unos doce años, emocionado mientras se abrazaba a la cintura de Esteban que, con la piel de gallina, no pudo evitar regalarle lo poco que le quedaba: una antigua bandera de Andalucía.

- “¿Quién es el hombre de los leones?, dijo el niño

- “Este es Hércules y tiene la culpa de que todos estemos aquí. Aunque tú no seas capaz de domar leones o sostener altas columnas intenta no olvidar lo que dice su letrero: ¨Non Plus Ultra¨, que significa todos somos iguales, aquí y allá”, y con esta mentira piadosa se despidió Esteban ante la alegría del niño que se colocó la bandera a modo de capa mientras corría buscando a sus amigos para enseñarles su tesoro.

Y atrás quedó Larache y Jnane Aztout. Y esta vez, en el camino no hubo nervios, ni miedo, ni importaban los próximos mareos en la travesía. Volvían a casa con la conciencia tranquila y el agradable sabor de boca que deja la sensación del deber cumplido. Ese deber que llevó a Esteban de Manuel junto a un centenar de alumnos a eliminar las diferencias existentes entre dos culturas hermanas, y al mismo tiempo a demostrar que incluso los semidioses se equivocan. Esa fue la última idea anotada por Esteban en su agenda justo antes de zarpar, “Quizás algún día el Estrecho sea tan sólo un simple mar”.

lunes, 17 de mayo de 2010

Eloy Vaquero, un montalbeño internacional


Eloy Vaquero Cantillo es sin duda una de las figura públicas más importantes que vio nacer Montalbán de Córdoba. Montalbán era, y sigue siendo, un pueblo pequeño de la Campiña Sur cordobesa, que basaba su economía en la agricultura. Conocido por sus ajos y melones, seguro que los vecinos que aquella tarde del 28 de junio de 1888 trabajaban en las eras de las afueras, no esperaban que su pueblo acogiera entre sus calles el nacimiento de un niño que se ganaría la vida con las letras y no con los aperos del campo.

Desde pequeño quedó patente su interés por la literatura y por la enseñenza, tanto que fue galardonado por su trabajo El Quijote es una joya pedagógica con el primer premio en el certamen para conmemorar el III Centenario de El Quijote. Su vocación le llevó a estudiar la carrera de magisterio en Córdoba, lugar donde fijo su residencia tras casarse con Carmen Ruz Nieto. Como maestro intentó revolucionar el sistema educativo con sus ideas progresistas hasta que en 1923 convirtió la Escuela Obrera de Córdoba en Escuela al Aire Libre. Fruto de su experiencia pedagógica escribió su obra literaria Las Escuelas al Aire Libre.

Antes de esto, Eloy Vaquero decidió que su tiempo debería ser compartido entre la docencia y otra de sus pasiones, la política. De la mano de su mentor Alejandro Lerroux, ingresó en el Partido Republicano Radical en 1910. Durante su vida política conoció y entabló amistad con Blas Infante, con el que compartía su andalucismo y la admiración por la teoría de H. George, que defendía que cada persona es dueña de lo que produce, pero los recursos naturales son de todos los hombres. El joven político se descubría como una persona preocupada por los problemas de los campesinos y con ideas muy progresistas, tanto que en 1913 organiza en Montalbán un "ensayo comunitario de organización radical obrera". La comuna estaba compuesta por las instituciones de defensa social, beneficencia, cultura y apoyo mutuo.
En 1914 comienza a estudiar abogacía, carrera necesaria para cualquier político de la época. Durante el transcurso de estos estudios, sólo un año después, entroó a formar parte de la logia masónica de Turdetania, donde coincidió de nuevo con Lerroux y otros importantes cordobeses como Antonio Jaén Morente y Manuel Ruiz Maya.

Con la llegada de la II República su carrera política siguió ascendiendo. El 15 de abril de 1931 fue elegido como alcalde de Córdoba, cargo que ostentó sólo dos meses ya que fue elegido como diputado en las Cortes Constituyentes. En los siguientes años ocupó varios puestos en la Administración hasta que su política giró a la derecha y en las elecciones de 1933 se presentó en las filas de la Coalición de Derechas y agrarios. En 1934 fue nombrado Ministro de Gobernación y un año después Ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión Social.
Durante su estancia en el Ministerio de Gobernación se produjo la Revolución de 1934, un movimiento huelguístico que estaba en contra de la llegada al poder del conservadurismo y que tuvo una gran ferocidad en Asturias. La represión del gobierno republicano fue muy violenta y los sectores más próximos al comunismo de su pueblo natal lo culparon de ser el responsable de las matanzas, a pesar de que el que ordenó la actuación del ejército fue el Ministro de Guerra Diego Hidalgo Durán.

Muchos de sus paisanos conservan aún el sentimiento de que fueron traicionados por Eloy Vaquero, lo que provocó una polémica cuando se propuso poner su nombre al reciente instituto de enseñanza secundaria de Montalbán. Finalmente el centro fue nombrado como “Maestro Eloy Vaquero”, de una forma que sólo se reconoce su labor pedagógica, excluyendo la política.

Tras fracasar en las elecciones de 1936 se exilió a Gibraltar y de ahí paso a Inglaterra y después vivió por primera estancia en Nueva York. Se mudó a La Habana y a Caracas donde fue profesor y redactor de una revista hasta que en 1939 volvió a Nueva York. Allí fue docente de la Universidad de Columbia y fundó y dirigió otra revista. Nueva York fue la ciudad que lo vió morir a los setenta años después de caer enfermo en 1960.

sábado, 8 de mayo de 2010

Que se esté quieto quien pueda


Siempre digo que vaya mierda no haber nacío bastantes años antes para disfrutar de música así en directo, pero desde el día que mi madre me dijo que si hubiera nacío en esa no tendría dinero para ir a verlos.... doy gracias a Youtube por poder hacer un concierto en mi cuarto.

Led Zeppelin tocando Trampled Underfoot en Earl's Court

jueves, 6 de mayo de 2010

¿Una imagen vale más que mil palabras?, y una mierda

Cuando a veces escucho la frase de “una imagen vale más que mil palabras”, sinceramente me entran ganas de mandar a quien lo diga a la mierda. Es cierto que una imagen apoya y mejora una información de una forma espectacular, pero es una alabanza al simplismo decir que vale más que mil palabras nada más y nada menos.

Hoy en la clase de Información y Propaganda estaba pensando esto viendo uno de los carteles que Mao Tse-Tung, el que fue líder de la República Popular China. En él aparecía el dibujo de una familia feliz y sonriente que esperaba a que la madre, claro está, trajera la comida a la mesa. La habitación la presidía un cuadro del poderoso dictador y en la parte superior del cartel aparecía una leyenda con algo similar a: “Gracias a Mao nuestras familias son más felices”. Pongo este ejemplo porque es el que he visto hoy, pero podría hacer lo mismo con una familia que esperara la comida bajo un retrato de Hitler, Cristo u Obama.

Me imagino al niño chino preguntando a sus padres “mamá, papá entonces ¿esta comida que tenemos es gracia a Mao?, ¿no estuvisteis ayer todo el día trabajando para conseguirla? Y los padres contestando rápido: “shhh niño calla y come, no pienses más de lo que te marca la gente que sale en fotos con porte de dioses”. El niño seguro que se comería su plato y si a los dos días lo llaman a las armas porque su líder-alimentador le ha entrado el capricho de matar a unos pocos, pues ahí va. Si es estadounidense, se marcha para Afganistán o para Irak con otros pocos que también se han criado bajo una sola visión del mundo, sin cuestionarse si a lo mejor no es mentira eso de que son un país que debe educar a tiros a los demás que no piensan como ellos.

La imagen es que tiene un poder muy fuerte. Es muy fácil de captar, cualquier persona, incluso quien no sabe leer ni escribir, puede procesar la información de formas y colores. Un ejemplo que tenemos muy a mano es la Semana Santa, que surgió como una forma de explicar a quien no había tenido el lujo de recibir una educación, cómo eran aquellas historias que venían en un libraco como la Biblia, tan grande e inaccesible en la época que no muchos podía leerlo. Lo malo es que igual de fácil es captar el mensaje de una imagen como manipularlo y es mucho más fácil conformarse con tragarse una imagen que sabes que está manoseada que leer un libro o escuchar a alguien que te explique lo que hay detrás de todo lo aparente.

Lo peor de todo es que estamos perdiendo el contacto humano. Ya no queremos escuchar mil palabras interesantes de alguien sino ver una imagen, aunque sea tonta de cualquiera que salga con la tele. Vaya aparato este, un mundo poblado por personas de 20 segundos que en 2 tienen que contar su vida y los otros 18 tienen que estar pendientes de aparentar lo que pretenden ser. Figuras que se insultan tan rápido que no nos da tiempo a ver si lo que dicen está bien o está mal o que se presentan como una alternativa con soluciones a los problemas del Gobierno, pero sin mencionar ninguna de estas medidas durante sus tortazos verbales. Albert Chillón dice en su libro Periodismo y Literatura: “Los medios han contribuido a reemplazar la necesidad de recordar por un revoloteo continuamente renovado de palabras apenas oídas al paso. El chaparrón de palabras fragmenta y dispersa la atención de los receptores; la consciencia de los hombres y las mujeres actuales ha adquirido una cualidad sublimada, nebulosa, gaseosa: las palabras oídas aquí y allá pululan en desorden y movimiento permanentes. La llamada sociedad de la información produce, entre otros efectos, una patente saciedad de la información”. Eso es lo peor, que encima nos creemos que estamos informados.

martes, 4 de mayo de 2010

Entrevista a El Giraldillo


Nos conocimos ya hace tiempo. A pesar de coronar una de las ciudades más importantes de España, no había oído hablar de ella hasta el mismo día que estuve en lo más alto de su casa, justo a sus pies. La primera vez que nos vimos, yo estaba de visita cultural: “Bien chicos, ya estamos en lo más alto de la Giralda –decía la guía- por encima nuestra sólo queda la estatua de El Giraldillo, una representación de la fe, de la victoria del cristianismo sobre el Islam”, concluyó. Pensé en la responsabilidad que le había tocado llevar a la estatua y me pregunté cómo se sentiría realizando esta labor, pero los últimos metros de la torre me impedían resolver mis dudas.

Me marché de Sevilla con preguntas y ganas de conocer, tenía que poner orden a toda esa nube de dominación de religiones, representaciones de la fe y toda la historia de una ciudad que ha sido marcada por la convivencia entre culturas. Lo único que tenía claro al comenzar esta aventura es que la mejor persona que podría resolver este embrollo era la protagonista de la historia, el Giraldillo. Lástima que aquellos metros que nos separaban fueran insalvables.

Comencé a leer un poco de la historia de la figura. Su padre, Bartolomé Morel, la trajo al mundo en 1568, en pleno Renacimiento. Sus 128 kilos repartidos en 3 metros y medio de estatura pretendían representar cómo después de que la Giralda fuera una minarete musulmán durante muchos años, había pasado a ser lugar de culto cristiano definitivamente. Era fácil conocer cual era la biografía y el aspecto del Coloso de la Fe Victoriosa, como también se conoce, pero no que pensaba y que sentía al realizar su labor. Esos dichosos metros de distancia…

Hablar con el Giraldillo se había convertido casi en una obsesión, como un amor platónico en el que el ansia de querer choca de frente con la barrera de la realidad, hasta que en una de las típicas ojeadas a la prensa diaria los ojos se me pusieron como platos. “El Giraldillo espera su restauración en las Ataranzas Reales”, anunciaba un titular. Los metros que antes nos separaban podían convertirse ahora en unos pocos centímetros. Casi sin pensarlo salí corriendo a intentar encontrarme por fin con ella.

Llamar a la puerta, decir mi propósito, pasar hasta el patio del fondo. Después del tiempo esperado y de la falta de esperanzaque tenía por conseguirlo, parecía mentira que llegar hasta el Giraldillo fuese ahora tan fácil.

Al verla de cerca era difícil mantener la boca cerrada. Una mujer enorme pero estilizada, sensual pero guerrera a la vez. “Si esto es la fe, la fe es algo grande de verdad” es lo primero que pensé. Pero detrás de su abrumadora presencia, el Giraldillo es una persona sencilla, muy humilde, con una gran sabiduría fruto de tantos años de observación y reflexión y con las ganas de comunicarse de quien lleva todo ese tiempo a solas.

Después de las típicas presentaciones y de hablar sobre cosas amenas para ir abriendo el terreno, la pregunta que me perseguía durante este tiempo pronto salió a relucir.

- El Cristianismo es una religión que tiene como bandera el amor incluso hacia los enemigos, la humildad, el respeto… pero desde tu concepción estabas pensada para representar la dominación sobre otras culturas. ¿No crees que eso es un poco contradictorio?

- Pues la verdad es que sí, lo veo como algo que choca, pero esa es la visión que alguna gente ha dado sobre mí papel pero yo en realidad siempre he intentando representar otro, a pesar de no poder haber conseguido transmitir mi mensaje. No se si lo sabrás, pero cuando Bartolomé Morel me ideó, tenía en la cabeza la imagen de una Palas o una Minerva, figuras de la tradición griega y romana. En realidad, soy tradición pagana pero vestida de cristiana, lo que no quiere decir que no sea una cristiana de verdad. Lo que quiero decir es que soy fruto de una mezcla de cultura y civilizaciones, igual que lo es mi casa y lo es Sevilla, por eso no me gusta dar la imagen de dominación, sino de convivencia. Creo en el Cristianismo de verdad, en el que comparte los valores de respeto que has mencionado antes y prefiero ser hermana de los musulmanes que su represora, en realidad los creyentes de las dos religiones adoramos al mismo Dios, lo único que nos diferencia es que no nos aclaramos quien es el verdadero profeta, pero eso es lo de menos.

Entre las risas que nos había producido su última frase, propuse al Giraldillo dar un paseo por el centro de Sevilla para poder contemplar juntos el complejo de la Catedral, lo que desde hace tanto es su casa. Por el camino el diálogo no cesaba.

- Pero desde que te izaron en la Giralda, Sevilla se ha esforzado por ser cada vez más católica, bueno mejor dicho, más cristiana. La Contrarreforma, el Barroco, la Semana Santa… Sevilla se concentró tanto en preservar el Cristianismo que incluso la llamaban la ciudad-covento y la tradición vuelve cada año con la Semana Santa ¿no es verdad?


La mujer se cortó un poco y empezó a titubear porque no era tan fácil abrir su corazón a un cordobés que acaba de conocer, así que avisé a mis compañeros de grupo de Periodismo y Literatura, los tres de Sevilla, y siguió confiando a ellos sus secretos. Pronto nos enteraremos de como siguió la historia.

Yo también necesito el derecho a imaginarme


Yo también quiero tener el derecho a imaginar el mundo que viene, lo necesito. Aunque la mayoría del tiempo esté a gusto a pesar de estar amordazado, de vez en cuando me entra un picor que no puedo aguantar. Rasco y rasco mientras pienso en capitalismo, comunismo, educación... me sale sangre de alegría. Alegría de darme cuenta que soy una persona, igual que el que ideó toda esta maquinaria tan pesada que es a la vez liviana como para no darnos cuenta de que existe. Quiero tener el poder de cambiar las cosas o por lo menos de proponerlas. Quiero respeto, igualdad, educación en valores. Quiero vivir en una sociedad en la que triunfe el mejor pero teniendo las mismas oportunidades, que nos sentamos afortunados de vivir y con fuerza para afrontar lo que nos viene. Quiero que demos gracias a ningún Dios por las herramientas que nos ponen en las manos y que luchemos con ellas para que todo vaya a mejor. Quiero periodistas agita-conciencias, profesores de niños críticos, quiero gente que quiera ser eso, quiero tantas cosas que lo único que puedo hacer por ahora es intentar decírtelas para que entre todos hagamos algo. Quiero tener el derecho a imaginar mi mundo y a transmitírtelo a ti y sobre todo, quiero que un día sea verdad.
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