martes, 16 de marzo de 2010

Sonrisas por diez euros al día





Los vendedores de pañuelos de los semáforos se han convertido en un elemento más del día a día de las grandes ciudades españolas

Cada mañana, muchos de los habitantes de las grandes ciudades españolas se despiertan, desayunan, arrancan el coche y se encuentran con su “amigo”, el africano que vende pañuelos en el semáforo más cercano a su casa.
El fenómeno de la venta de artículos, en especial de pañuelos, en los semáforos ha sustituido en los últimos años a otras actividades como la limpieza de las lunas de los coches, realizadas generalmente por personas de otras etnias o razas y que ya es raro contemplar. Desde la época de las cubetas con detergente, cepillos y papel secante hasta hoy, la venta de pañuelos se ha extendido por las ciudades de tal manera que hay personas que aseguran de forma burlona que ya una ciudad no se determina si es tal por el número de ciudadanos que habitan en ella, sino por si hay “amigos” o no.

La mayoría de estos vendedores son inmigrantes que proceden de Nigeria. “A los nigerianos nos gusta más vender pañuelos en vez de hacer otras cosas que hacen otros africanos, por ejemplo, los senegaleses venden cinturones y discos falsos, pero a nosotros nos gusta más esto”, dice Eddy, uno de los “amigos” que acostumbran a estar en el semáforo del puente de la Barqueta.

Muchos de los conductores se quejan de que les molesta la insistencia de algunos de los vendedores, sobre todo cuando golpean en el cristal para llamar la atención de los posibles compradores. “Yo prefiero decirle a la gente ‘hola amigo’, antes que darle golpes en el cristal, porque eso les molesta mucho, se ve en sus caras” dice Francisco, el compañero con el que Eddy comparte semáforo. El ya característico “hola amigo” de Francisco y de la mayoría de sus compañeros, ha servido para que la gente comience a conocerlos con ese nombre. A pesar de las quejas de los conductores por los golpes en el cristal, los dos vendedores aseguran que desde que comenzaron con el trabajo no han tenido ningún problema de racismo o de otro tipo con nadie, ni siquiera con la policía, en parte por el trato que dan a todo el mundo.

La jornada de los vendedores de pañuelos es una jornada maratoniana. Comienzan a trabajar a las seis de la mañana y terminan a las seis de la tarde. Durante estas doce horas estan expuestos a intensas lluvias como las de este invierno o a un sol abrasador como el que frecuenta Sevilla. Además deben de estar siempre alerta para evitar accidentes cuando el semáforo cambia a verde y ellos están todavía entre el tráfico, y todo ello por una pequeña cantidad de dinero. “Al día podemos ganar siete, ocho euros... si consigo más de diez tengo que dar gracias a Dios”, comenta Francisco.
Como al resto de las profesiones, a los vendedores de pañuelos también les ha afectado la crisis. Compran los pañuelos por cuarenta céntimos, normalmente en tiendas regentadas por africanos, y los venden a los conductores por un euro. “Antes de que llegara la crisis podíamos conseguir cerca de treinta o cuarenta euros al día. Compraban pañuelos mucha más gente y además del euro, nos daban como regalo cincuenta céntimos o incluso uno o dos euros más, afirma Eddy.

Aunque sus ingresos se hayan reducido en más de la mitad, Francisco y Eddy aseguran que no recurren a otro tipo de trabajo complementario para pagar su piso y su comida, sólo intentan vender otros objetos más como por ejemplo ambientadores. Como todo el mundo, se han tenido que apretar el cinturón. “Con lo poco que podemos guardar después de pagar el piso y comer, compramos un poco de tabaco y salimos a las discotecas, pero cada vez está más difícil” dice Francisco.

La imagen que estamos acostumbrados a recibir de los inmigrantes a través de la televisión, una imagen de personas que están siempre tristes y explotados, sin razón de vivir, se desmorona en cuanto Francisco o Eddy cuentan como viven actualmente. Eddy, después de cinco años en España, tiene casa propia y está casado con una mujer española con la que ha tenido tres niños. Mientras enseña las típicas fotos de su familia que todo padre lleva en su cartera, el semáforo se pone en verde y Francisco vuelve a la acera. “Yo también quiero una mujer española”, dice. Intentar regular su situación en España parece la causa más evidente de este deseo, pero Francisco asegura que no es así. “Quiero formar una familia, tener una mujer y niños, me gustan mucho los niños de color ‘café con leche’, dice entre risas.

El optimismo que desprende esta pareja contrasta con otro de los vendedores que trabaja en las cercanías del Hospital Universitario de la Macarena. El trato con la gente que frecuenta su semáforo es igual que el de los otros: saludos y risas, pero su cara cambia en cuanto habla de su situación y su pasado. “La cosa está muy mala, sin papeles no podemos hacer nada”. Al emigrar a España muchos de sus sueños se quedaron en África. “En mi país era futbolista. No jugaba en un club de primera división, pero sí en el de una ciudad importante.” Jugar en España en un club federado es imposible para personas que no tengan papeles, por lo que este “amigo” tiene que conformarse con dar toques a una pelota de tenis mientras que el semáforo está en verde para los coches.

A través de los medios de comunicación hemos podido conocer las historias de algunos “amigos” por diferentes razones. El más famoso de ellos es Howard Jackson, el vendedor de Plaza de Armas que se ha caracterizado por disfrazarse cada día de un personaje diferente. También tuvo su espacio en los medios Dom Amby Okonkwo, que devolvió a su dueño una cartera que había encontrado cerca de su semáforo y que contenía 2.700 euros en efectivo y un cheque de 800.

Lo que más destaca en estas personas es la felicidad y el optimismo con el que afrontan su situación. Mientras que la gente que está en su coche, resguarda y camino a su trabajo llenan Sevilla de un estruendo de claxon y malas contestaciones, los “amigos” dan un toque de humanidad a la jungla urbana. Estando en la calle doce horas y en tan difíciles condiciones, siempre tienen una sonrisa para todos los conductores y la gente que pasa día a día por los semáforos, con la que en muchas ocasiones acaban convirtiéndose en verdaderos amigos de estos africanos.

4 comentarios:

Lisístrata dijo...

También dan su toque de humanidad al mundo quienes captan la sensibilidad de los demás y la irradian a sus amigos.

Enhorabuena por tu artículo. También por llegar al ecuador de tu carrera satisfactoriamente. Ya eres medioperiodista por acta universitaria, aunq siempre serás un periodista entero e íntegro de pies a cabeza porque así lo proyectas a cuantos estamos alerta a cada paso que das por este mundo de la información.

Seguimos con los radares puestos para cazar y disfrutar cuanto escribas, pero tranquilo, no es exigencia, sólo sincera y cariñosa expectación.

un abrazo

Juan Antonio Cañero dijo...

María me sorprende y agrada sobre tó tu velocidad para comentarme. Muchas gracias por lo de la humanidad que eso sí que es lo mejor que me han podido decir hasta el momento jeje. En breves el premio Pulitzer Javier Bauluz va a inaugurar un medio de comunicacion sin ánimo de lucro y que se base en los derechos humanos, seguro que es interesante http://www.pmasdh.com/2009/09/el-nuevo-medio-dirigido-por-javier-bauluz-se-llamara-periodismo-humano/

Un saludo y muchas gracias por los comentarios y los constantes ánimos!!

Anónimo dijo...

Grande el reportaje y el off the record.

Eres un crack.

Karlitos Martín ;)

Juan Antonio Cañero dijo...

la parte de la entrevista que no está en el reportaje es lo mejor jaja espero que te tenga mucho tiempo para que nos enseñemos nuestras cositas graciosas de la profesión.

Un abrazo para mi delegado

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