martes, 6 de abril de 2010

Alegría y luto unidas por el sentimiento




El Domingo de Resurrección es uno de los días grandes de Montalbán. Todos los montalbeños se engalanan, se visten de fiesta para acompañar a Jesús Resucitado y a la Virgen de la Alegría por las calles del pueblo. Después de las tristes estaciones de penitencia de días anteriores, esta procesión se llena de un color rojo pasión y la banda de música ya no llora una muerte, sino que canta de alegría. Entre las cornetas y tambores de la Agrupación Musical Cristo de la Expiración, los montalbeños y muchos de los visitantes de pueblos vecinos que los acompañan, hablan, ríen, se emocionan, hacen un rezo a la vida.

Pero este año, entre todo el mar de felicidad de la procesión también había un gran lugar guardado para el recuerdo, para el recuerdo de Antonio Marín, director de la agrupación musical. La banda del Cristo de la Expiración es una agrupación que a pesar de no ser la titular de la Hermandad de Jesús Resucitado está muy vinculada a ella. Es una banda de La Rambla pero que tiene a músicos montalbeños en sus filas por lo que muchos de ellos afirman que después de tocarle a “su Cristo, el Domingo de Resurrección es lo más grande para nosotros”. Este sentimiento de unión ha permitido que el Domingo de Resurrección de Montalbán disfrute un año más de la música del grupo, después de que este anulara muchas de sus salidas por la reciente muerte de su director. A pesar de todo, la banda del Cristo y los hermanos de El Resucitado se volvieron a encontrar un año más, pero ésta vez en la Parroquia de Santa María de Gracia en lugar de en El Calvario y con crespones de luto recordando a Antonio.

La ermita de El Calvario, lugar habitual de salida de la Hermandad, ha sufrido daños por las intensas lluvias de estos meses por lo que el inicio de la procesión ha tenido que ser desplazado, así como su recorrido. “Era una de las mayores preocupaciones de este año, no sabíamos que podía pasar con el cambio de itinerario”, decía María de la Paz Cañero, contracapataz de Jesús Resucitado, al finalizar la procesión. “Temíamos que a la salida no nos acompañara mucha gente –continuó- pero había muchos niños vestidos desde primera hora”. Los niños son los grandes protagonistas de este acto, incluso la misma talla de Jesús, es un niño. Representan la vitalidad por lo que sus caras no se esconden, sino que muestran sus sonrisas y los tristes pasos de una estación de penitencia, se convierten aquí en un baile.

El baile también ha tenido que cambiar de lugar, pasando de la Plaza de Andalucía a la puerta de El Calvario. Éste es sin duda el momento más esperado de la procesión. La Agrupación Musical guarda para el baile sus mejores marchas y los costaleros y costaleras reservan sus energías para el esfuerzo. Después de estar siguiéndolo, aquí la Virgen de la Alegría se encuentra con El Niño y comienza una danza en la que uno se inclina ante el otro, se mecen y son subidos hasta lo más alto por sus costaleros.

Después del baile y la ofrenda floral a Nuestro Padre Jesús de El Calvario, el desfile continuó subiendo por la calle Ancha, todavía con más personas acompañándolo, hasta que pasadas las 14:00 llegaron de nuevo a la parroquia. El último esfuerzo, las últimas levantás de los costaleros y costaleras, las últimas notas al aire, los últimos redobles de tambor. Cuando todo había acabado las lágrimas de emoción saltaron al primer plano. “De lujo”, “impresionante”, “enhorabuena”, se escuchaba entre los abrazos de los miembros de la banda y de estos con los hermanos del Resucitado. “El esfuerzo ha merecido la pena”, dijo Luís Crespín, uno de los integrantes de la banda. “Es muy duro tocar después de la muerte de Antonio pero la banda ha sonado como nunca, más que motivada”, afirmó.

Un año más la Hermandad de Jesús Resucitado y la Virgen de la Alegría, acompañada de la Agrupación Musical del Cristo de la Expiración, pone el broche final a la Semana Santa de Montalbán. Este año será muy especial para ambas agrupaciones y siempre quedará en el recuerdo como el día en el que fueron capaces de dar de la mano a alegría y tristeza.

lunes, 22 de marzo de 2010

El día que Obama venció a la sanidad privada

El Congreso de Estados Unidos ha aprobado por mayoría simple la reforma sanitaria propuesta por Obama y que dotará de un seguro público a toda la sociedad estadounidense. Parece que los congresistas se han dado cuenta de que en un país con una extensa tradición de liberal, la salud de millones de personas no es una mercancía más con la que las grandes aseguradoras pueden llenar sus frondosas arcas. El mismo Obama expresaba este sentir: “estamos orgullosos de nuestro individualismo y de nuestra libertad, pero también sentimos como una comunidad que está dispuesta a ayudar a los más vulnerables, a los necesitados, a los que no han tenido suerte, para hacerles un hueco entre la clase media".
Estos que no han podido hacerse un hueco y que no tenían contratado ningún seguro, son nada más y nada menos que 30 millones de personas. Personas que hasta la fecha, podían morir en la puerta de un hospital sin que nadie se inmutara, todo gracias a la presión de las aseguradoras privadas que impidieron que se aprobaron otras propuestas como las de Bill Clinton, anteponiendo vilmente los fines económicos sobre la propia humanidad. Las aseguradoras han intentado restringir la libertad de los ciudadanos, algo intolerable pero normal en las actuales democracias. La ley no obliga a adherirse al seguro público, sólo da la oportunidad de ejercer el derecho a este servicio, mientras que los seguros privados y sus pólizas, siguen vigentes para quien quiera contratarlas. Si como dicen en su campaña contra la ley "nosotros podemos hacerlo mucho mejor que un sistema sanitario dependiente del Gobierno", lo correcto sería que existiera ese sistema público para garantizar un servicio mínimo y que la gente que no esté contenta con él, contrate una póliza privada.
Obama ha demostrado con la aprobación de la ley que es un líder capaz de lidiar con los diferentes grupos que existen dentro de los demócratas, con el partido republicano y sobre todo que tiene valor para anteponer a sus ciudadanos ante las grandes empresas.

sábado, 20 de marzo de 2010

Blas Infante, el hombre tras el mito

El papel fundamental de su mujer, su conversión al Islam o la oposición a su ideología son partes de su vida que no han trascendido a la historia

Blas Infante en su viaje a Marruecos.


Las naciones no existen en la naturaleza, sólo son construcciones que crea el hombre buscando unir a un pueblo en torno a un sentimiento común. El encargado de realizar esta acción con el nacionalismo andaluz fue Blas Infante, considerado en el preámbulo del Estatuto de Autonomía de Andalucía de 1980 como el “Padre de la Patria Andaluza”.

Para construir una nación también es necesario construir a sus héroes y fundadores, lo que conlleva que la historia de su vida se centre en determinados aspectos de su y se aleje de otros, para transmitir un mensaje único de unidad.

Todo el mundo sabe o habrá escuchada alguna vez durante su enseñanza la historia de Blas Infante. Blas nació en Casares, un pueblo de Málaga en 1885, en el seno de una familia acomodada. De padre notario, su futuro profesional se encaminó por la misma vía. Estudió en el colegio de los Escolapios hasta que tuvo que dejar su formación por la crisis económica que se derivó del desastre del 98. El último curso de bachiller lo hizo por libre, igual que la carrera de Derecho. Esto demuestra la fuerza de voluntad de Blas Infante y la importancia que dio a la educación, igual que muchos de los integrantes de su círculo de amistades políticas como Eloy Vaquero.

Tras ser licenciado, las oposiciones para notario fueron su siguiente objetivo. Al conseguir su ansiado trabajo, viajó por toda Andalucía, de destino en destino, lo que le llevó a conocer muchos de los rincones y de las gentes de la que sería la Comunidad Andaluza.

Desde pequeño, en Casares, fue testigo de las penurias y hambrunas que sufrían los trabajadores del campo de su comarca. Él mismo dijo: “yo tengo clavada en la conciencia desde la infancia la visión sombría del jornalero, yo lo he visto pasear su hambre por las calles del pueblo”. Su preocupación por la clase obrera lo llevó a iniciarse en el georgismo, una ideología que defiende que cada persona es dueña de lo que produce, pero los recursos naturales son de todos los hombres. De este modo, pretendía gravar con un impuesto único los ingresos por las rentas del campo. “La tierra mas fértil de España está cerrada al trabajo. Los toros engordan en las tierras que se niegan a los hombres, forzados a emigrar”, dijo en uno de sus escritos sobre el tema.

La visión de la Andalucía agrícola cambió durante su estancia en Isla Cristina. Esta localidad onubense basaba su economía en la industria pesquera y conservera, en lugar de en el campo, lo que le supuso abrir sus horizontes y perspectivas. Infante comprendió que Andalucía abarcaba todos los sectores económicos y muchos trabajos, por lo que la miseria que sufría no era fruto de ser una tierra estéril con unos trabajadores ineptos, sino que ésta procedía del reparto de capitales y la subordinación a Madrid. Aquí nació su idea de una Andalucía independiente y libre, libre sobre todo de los mandatos económicos de España.

Detrás de esta historia que es fácil de conocer, Blas Infante, como cualquier otro hombre, tiene muchas más cosas por descubrir. Una de ellas es su mujer, Angustias García Parias, que jugó un papel fundamental en la vida del político. Infante antes que notario o escritor, pretendía ser padre de familia, cuidar de sus cuatro hijos para que se sintieran arropados. Esto no sería posible sin el trabajo de su esposa, que logró darle la estabilidad necesaria para conjugar su vida privada con la pública de político. Además de actuar como apoyo, Angustias también ayudó a Infante en la creación y conservación de los principales símbolos de Andalucía. Bordó la bandera que propuso su marido con las telas que él mismo trajo de su viaje a Marruecos y guardó con celo durante los años del franquismo todos los documentos y manuscritos que escribió Blas Infante, además de la bandera, el escudo y las partituras del himno que posteriormente el Parlamento de Andalucía haría oficiales en 1981 en su Estatuto de autonomía.

Otro de los aspectos menos conocidos del Padre de la Patria Andaluza son sus creencias religiosas. Blas Infante se convirtió al Islam en 1924, cambiando su nombre a Ahmad Infante. La conversión la realizó durante un viaje a Agmat, ciudad marroquí donde está la tumba del rey árabe de Sevilla Almutamid. La influencia musulmana está presente en muchos de los pasajes de sus obras, su ideología y en la misma casa que construyó en Coria, con un estilo marcadamente morisco y a la que llamó Dar al-Farah, alegría en árabe. La idea de que Andalucía era una entidad independiente, con unas características diferentes a las de España, la basó en gran medida en la tesis de que la región tenía una historia musulmana única en todo el conjunto nacional. De esta forma, Blas Infante sostenía que aunque Andalucía siempre sería española, “nunca ha sido, es, ni será parte de Europa”.

Ahmad Infante llegó a pedir en su libro El complot de Tablada la restitución de la mezquita de Córdoba al culto musulmán, aunque no anunció claramente su Islam por como decía en el mismo libro: “restaurar Al-Andalus, en Andalucía, actualizando sus inspiraciones esenciales habría venido a determinan que se llegaran a reir de nosotros y por lo menos nos tuviesen por locos que pretendíamos volver a vestir de moros y resucitar en nuestro país el Islam”. Aún así, la confesión religiosa de Infante no estuvo siempre escondida y según dijo: “poco a poco, por nuestros instrumentos de propaganda, periódicos y conferencias, íbamos manifestando nuestra fe verdaderamente; y la comprendían aquellos que podían comprenderla”.

Blas Infante, a pesar de estar reconocido como el padre de Andalucía, tiene también dentro de la comunidad a personas e instituciones, como la Plataforma por Andalucía Oriental que están en contra de su figura y sobre todo, su ideología. Rechazan la unidad política de Andalucía y piden que las provincias de Jaén, Granada y Almería formen una comunidad autónoma independiente. Algunas de las personas de esta ideología defienden que en la Asamblea de Córdoba de 1933, donde se aprobó el Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Autonomía de Andalucía, Blas Infante marginó y no dejó expresarse en libertad a los representantes de estas provincias.

Con todas sus caras, Blas Infante se descubre como una figura clave en la configuración de la actual Andalucía y que necesita un estudio hondo e imparcial para llegar a conocer toda su historia.

martes, 16 de marzo de 2010

Sonrisas por diez euros al día





Los vendedores de pañuelos de los semáforos se han convertido en un elemento más del día a día de las grandes ciudades españolas

Cada mañana, muchos de los habitantes de las grandes ciudades españolas se despiertan, desayunan, arrancan el coche y se encuentran con su “amigo”, el africano que vende pañuelos en el semáforo más cercano a su casa.
El fenómeno de la venta de artículos, en especial de pañuelos, en los semáforos ha sustituido en los últimos años a otras actividades como la limpieza de las lunas de los coches, realizadas generalmente por personas de otras etnias o razas y que ya es raro contemplar. Desde la época de las cubetas con detergente, cepillos y papel secante hasta hoy, la venta de pañuelos se ha extendido por las ciudades de tal manera que hay personas que aseguran de forma burlona que ya una ciudad no se determina si es tal por el número de ciudadanos que habitan en ella, sino por si hay “amigos” o no.

La mayoría de estos vendedores son inmigrantes que proceden de Nigeria. “A los nigerianos nos gusta más vender pañuelos en vez de hacer otras cosas que hacen otros africanos, por ejemplo, los senegaleses venden cinturones y discos falsos, pero a nosotros nos gusta más esto”, dice Eddy, uno de los “amigos” que acostumbran a estar en el semáforo del puente de la Barqueta.

Muchos de los conductores se quejan de que les molesta la insistencia de algunos de los vendedores, sobre todo cuando golpean en el cristal para llamar la atención de los posibles compradores. “Yo prefiero decirle a la gente ‘hola amigo’, antes que darle golpes en el cristal, porque eso les molesta mucho, se ve en sus caras” dice Francisco, el compañero con el que Eddy comparte semáforo. El ya característico “hola amigo” de Francisco y de la mayoría de sus compañeros, ha servido para que la gente comience a conocerlos con ese nombre. A pesar de las quejas de los conductores por los golpes en el cristal, los dos vendedores aseguran que desde que comenzaron con el trabajo no han tenido ningún problema de racismo o de otro tipo con nadie, ni siquiera con la policía, en parte por el trato que dan a todo el mundo.

La jornada de los vendedores de pañuelos es una jornada maratoniana. Comienzan a trabajar a las seis de la mañana y terminan a las seis de la tarde. Durante estas doce horas estan expuestos a intensas lluvias como las de este invierno o a un sol abrasador como el que frecuenta Sevilla. Además deben de estar siempre alerta para evitar accidentes cuando el semáforo cambia a verde y ellos están todavía entre el tráfico, y todo ello por una pequeña cantidad de dinero. “Al día podemos ganar siete, ocho euros... si consigo más de diez tengo que dar gracias a Dios”, comenta Francisco.
Como al resto de las profesiones, a los vendedores de pañuelos también les ha afectado la crisis. Compran los pañuelos por cuarenta céntimos, normalmente en tiendas regentadas por africanos, y los venden a los conductores por un euro. “Antes de que llegara la crisis podíamos conseguir cerca de treinta o cuarenta euros al día. Compraban pañuelos mucha más gente y además del euro, nos daban como regalo cincuenta céntimos o incluso uno o dos euros más, afirma Eddy.

Aunque sus ingresos se hayan reducido en más de la mitad, Francisco y Eddy aseguran que no recurren a otro tipo de trabajo complementario para pagar su piso y su comida, sólo intentan vender otros objetos más como por ejemplo ambientadores. Como todo el mundo, se han tenido que apretar el cinturón. “Con lo poco que podemos guardar después de pagar el piso y comer, compramos un poco de tabaco y salimos a las discotecas, pero cada vez está más difícil” dice Francisco.

La imagen que estamos acostumbrados a recibir de los inmigrantes a través de la televisión, una imagen de personas que están siempre tristes y explotados, sin razón de vivir, se desmorona en cuanto Francisco o Eddy cuentan como viven actualmente. Eddy, después de cinco años en España, tiene casa propia y está casado con una mujer española con la que ha tenido tres niños. Mientras enseña las típicas fotos de su familia que todo padre lleva en su cartera, el semáforo se pone en verde y Francisco vuelve a la acera. “Yo también quiero una mujer española”, dice. Intentar regular su situación en España parece la causa más evidente de este deseo, pero Francisco asegura que no es así. “Quiero formar una familia, tener una mujer y niños, me gustan mucho los niños de color ‘café con leche’, dice entre risas.

El optimismo que desprende esta pareja contrasta con otro de los vendedores que trabaja en las cercanías del Hospital Universitario de la Macarena. El trato con la gente que frecuenta su semáforo es igual que el de los otros: saludos y risas, pero su cara cambia en cuanto habla de su situación y su pasado. “La cosa está muy mala, sin papeles no podemos hacer nada”. Al emigrar a España muchos de sus sueños se quedaron en África. “En mi país era futbolista. No jugaba en un club de primera división, pero sí en el de una ciudad importante.” Jugar en España en un club federado es imposible para personas que no tengan papeles, por lo que este “amigo” tiene que conformarse con dar toques a una pelota de tenis mientras que el semáforo está en verde para los coches.

A través de los medios de comunicación hemos podido conocer las historias de algunos “amigos” por diferentes razones. El más famoso de ellos es Howard Jackson, el vendedor de Plaza de Armas que se ha caracterizado por disfrazarse cada día de un personaje diferente. También tuvo su espacio en los medios Dom Amby Okonkwo, que devolvió a su dueño una cartera que había encontrado cerca de su semáforo y que contenía 2.700 euros en efectivo y un cheque de 800.

Lo que más destaca en estas personas es la felicidad y el optimismo con el que afrontan su situación. Mientras que la gente que está en su coche, resguarda y camino a su trabajo llenan Sevilla de un estruendo de claxon y malas contestaciones, los “amigos” dan un toque de humanidad a la jungla urbana. Estando en la calle doce horas y en tan difíciles condiciones, siempre tienen una sonrisa para todos los conductores y la gente que pasa día a día por los semáforos, con la que en muchas ocasiones acaban convirtiéndose en verdaderos amigos de estos africanos.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Píldora cultural I: A la sombra de una mentira

Bueno pues voy a empezar a poner cositas de las que vengo disfrutando. Éste es un tema en el que la letra, guitarra y voz rota de Rosendo está acompañada por la melodía de Luz Casal. Pertenece al disco Siempre hay una historia... en directo, grabado en la cárcel de Carabanchel y publicado en 1999. Espero que te guste y le saques algo a la letra.

Perdón por el retraso

Perdón por el retraso, ya sabes como está la ciudad llena de claxons, la gente vuelve a la realidad, de la oficina, de la tienda o de la fábrica y ¿por qué no habrá paz en la mágica soledad de un atasco? (Kase’o en Algo de Jazz)

Casi otros dos meses sin escribir nada por aquí y empiezo con una frase que no es mía, mal vamos. Más o menos es lo que me ha estado pasando este tiempo, estoy bebiendo de otras fuentes que no son la mía. En estos dos meses de abandono de Mi Megáfono he vuelto a Sevilla, al gimnasio, al hip hop; he descubierto como se manipula con los anuncios, el soul, el jazz, ayer precisamente descubrí a Maria Eloy García… Tantas cosas sobre las que escribir que al final no me siento nunca a ordenar mi cabeza y escribir algo. Pero hoy creo que a toda esta gente que me ha enseñado durante este tiempo les voy a dejar que os hable un poco a través de mí, tienen cosas importantes que decir y quiero que lo sepa toda la gente que pasa por aquí porque "el conocimiento si no se sabe aplicar es peor que la ignorancia." (Charles Bukowski)

Ya ves que me cuesta escribir párrafos nuevos y no es que no me guste rapear es que prefiero tocarme los huevos (Kase’o en Fuego camina conmigo). Tristemente, es lo que me pasa y si te digo la verdad, me siento mal por esto. Creo que será por lo que también dice Bukowski que “mi ambición está limitada por mi pereza”, pero el ser consciente de ello creo que por lo menos me lleva por el buen camino de intentar cambiar y luchar contra mí mismo.

Pero por mi forma de escribir, o mejor dicho, por el impulso que me lleva a hacerlo, lo hago poco. Hasta ahora he escrito en el blog de una forma muy racionalizada, sólo cuando algo me quema, entra en mí y me incomoda o alegra tanto que tengo que escupirlo rápidamente. Más que un placer por escribir, es una necesidad por comunicarme. Tengo la gran desventaja de tener que hablar hasta por los codos cuando algo me golpea y hace que sienta algo, cosa que con los años voy comprendiendo que también hay que controlar para no estar expuesto a todo el mundo.

Tengo que aprender a mantener esa chispa que se enciende cuando se me ocurre algo de lo que hablar y estoy en un sitio que no puedo escribir, y también a intentar provocar situaciones que me lleven a esta iluminación de las musas “por culeras”. Aunque tengo tiempo libre suficiente para escribir con asiduidad, lo empleo mal y siempre hago cosas. La poetisa María Eloy García nos dijo ayer en una charla, que ella disfrutaba de esos momentos en los que estas mirando al techo, jugando con tus dedos… esos momentos en los que no haces nada y la mente se te va de “¿qué tengo que hacer mañana?” o ¿cuándo tengo que entregar la práctica de redacción? hasta “¿por qué las pelusas del ombligo son grises si la camiseta es amarilla?”. En lugar de esto, siempre que me siento tranquilo acabo dormido, si es después de comer, hablando por el msn (maldita necesidad de hablar) o escuchando música, donde ahora surgen la mayoría de mis “chispas”.

Se me viene a la cabeza una situación que viví el curso pasado y que podía comparar con esto. Tú que eres una persona cercana a mí, sabes que me repugna el tabaco más que lamer un sobaco de cualquiera de los del gimnasio, pero en una prueba que estaban haciendo en la facultad para medir el dióxido de carbono que teníamos en los pulmones, dí más cantidad de mierda que otra muchacha que llevaba sin fumar tres semanas, después de años de cigarros y cigarros. Lo que quiero decir es que aunque yo tenga intenciones buenas, como no fumar o escribir siempre que pueda, siempre hay por ahí algo que me lo impide, aunque sea mi perrera, y eso me molesta.

Como una forma de entrar en el blog con más frecuencia te voy a proponer una cosa. Aunque sé que la música que escucho y las cosas que ahora me están llamando la atención no son muy del gusto popular, cada vez que encuentre algo que me sorprenda o crea que merezca la pena que lo sepas lo pondré aquí, con o sin comentarios, en lo que podrían ser unas “Píldoras culturales” (es por llamarlo de alguna manera, no quiero que parezca que yo soy ahora un culturitas que vengo a iluminaros, porque en cosas de cultura también fallo, debo leer mas, ver más arte y demás)

A la vez que te pido disculpas te doy las gracias. Creo que no soy una persona que le guste presumir mucho de lo que hace o lo que tiene, pero como todo ser humano tengo mi ego. Cuando durante este tiempo alguien me ha dicho “¿cabrón cuando piensas escribir algo más?” u otra persona me decía “voy a ver tu blog que llevo tiempo sin visitarlo” y yo esperaba que volviera sabiendo que me iba a decir “¿pero todavía no has escrito ná?”. Eso para mí me ha hecho incluso más feliz que un halago después de escribir algo, me ha demostrado que hay gente que espera algo de mí, lo que también es una gran responsabilidad, que como mayorcito que me estoy haciendo tengo que asumir. Por eso, muchas gracias y nos vemos pronto.

Pd: Cuando abrí el blog me propuse no escribir nada sobre mí en particular y releyendo esto he visto que un poquito más y la mitad del texto es “tengo” y “mí”, pero de vez en cuando contarte por qué hago las cosas no está mal, aunque sea para poner una escusa por no escribir. Espero no haberte aburrido.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Dinosaur

Pues bueno éste es uno de los ejercicios del examen de Introducción a la Redacción que he hecho hoy. Más o menos el enunciado decía: "escribe un micro-relato que comience con la frase cuando desperté el dinosaurio seguía allí". Y esto fue lo que salió:

Cuando desperté el dinosaurio seguía allí. Creía que cuando anoche al volver de la fiesta entró conmigo en mi cuarto era sólo una paranoia producida por la mezcla de setas, cocaína y pastillas, pero cuando desperté el bicho seguía allí.

Me incorporé en la cama, froté mis ojos una y otra vez, pero el prehistórico animal tenía ganas de acompañarme. Alargué la mano hasta la mesita de noche y cogí mi piedra de hachís, el papel y el mechero. Mientras calentaba la droga para poder desmenuzarla me quedé mirándolo fijamente. Él hacía lo mismo. Parecía que nos conocíamos de siempre, que aunque la noche anterior nos encontramos por primera vez, su presencia allí no era tan extraña. Pero, si lo conocía de antes, ¿cómo es que no lo vi hasta ese día?.

Mi porro se consumía mientras que la habitación y mis pulmones se llenaban de humo y una china caía entre las sábanas de mi cama. Otro agujero más en los trapos. Me levanté deprisa para esconder las sábanas y abrir la ventana antes de que mi madre entrara y disfrutara de ese olor a chocolate que sólo a mí me pertenece. Pero al echar el primer suelo a tierra caí de bruces en el suelo.

Mientras el dinosaurio no apartaba sus ojos de mi enclenque figura, me daba cuenta de que aquellas fuertes piernas de futbolistas que en el pasado tuve, ese día sólo eran dos palillos sin fuerza que no podían mantenerme. Las manos que tan elegantemente recorrían todo mi piano en ese momento no tenían la habilidad suficiente para agarrarme al borde de la cama y ponerme en pie. ¿Qué me estaba pasando?.

La noche de antes tampoco fue para tanto, me comí unas pocas setas de las que cultivo, probé el nuevo éxtasis que llegó al pueblo y para que mis padres no notaran la “colgaera” que llevaba, pillé tres gramos a medias con Caín.

Cuando fui capaz de bajar al salón puse la tele, en La Dos estaban echando Elephant. El director explicó el significado del nombre de la película: “quiero hacer referencia al dicho inglés de “un elefante en la habitación”, un problema diario tan grande como un elefante pero del que no nos damos cuenta, aunque esté metido en una habitación”. En ese momento lo comprendí todo. En mi caso, el abuso de las drogas era tan grande que un elefante se quedaba pequeño. Aunque cada día deseo que se vaya, el dinosaurio sigue aquí conmigo y espero no enfadarlo con mis vicios tanto como para que empiece a rugir.
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